CUÉNTANOS TU HISTORIA

 

Amelia Pezzotti

Estaba en segundo año del colegio en secundaria, tenía 14 años. Mi colegio era solo de mujeres y por cada año habían dos salones con cuarenta estudiantes cada uno. Ese fue el año 2000 y me acuerdo que el primer día de clases fue lo contrario de emocionante porque en el listado de la puerta del salón, no había quedado con las compañeras que quería. No había quedado con mi mejor amiga. Pero la experiencia de vida que fue el año 2000 lo compensó todo.

El timbre sonó, los papás despidiéndose de sus hijas, no recuerdo si los míos fueron o ese día me fui en el bus del colegio, tomé un puesto, recuerdo que era la segunda fila en el tercer puesto. Atrás se sienta una niña nueva, venía como de un colegio gringo y adelante se sienta esta otra niña que había entrado el año anterior.

Por mi parte yo nunca he sido conflictiva, no soy mezquina y recuerdo que siempre le prestaba mis plumas, apuntes, conversábamos de nada importante, riéndonos de los profesores…un poco de bullying hacia ellos, los pobres, muy probable que son una de las poblaciones que más recibe bullying psicológico o verbal.

Con la gringita de atrás empecé a tener un poco más de click. Lily era muy dulce, hablaba un splanglish interesante y yo quería hablarlo también. Escribía poesía y siempre estaba perdidamente enamorada de algún niño. Aparte que Lily tenia un hermano guapísimo.

Estábamos tan cerca las tres que conversábamos más, salíamos en los recreos y formábamos desorden en el salón desde ese fila de tres pupitres. Creo que era de esperarse que alguien sintiera celos de nuestra relación dentro de nuestra tríada. Tres son multitud cuando se está muy cerca. La del frente empezó a inventar historias de mi a Lily. A los 14 años somos muy impresionables, dramáticas y de poco auto control. Lily le creyó, nunca me confrontó y ahora yo tenía dos enemigas. Lily nunca me hizo real daño, pero la del frente, me destrozó. Corría chismes y hasta un día me acuerdo que haciendo una entrevista en un cuaderno llenado por casi 80 niñas, me llamaron hipócrita y miles de nombres más. Repito, para alguien de 14 años que seas conocida como una hipócrita (y todo lo demás) hace que no existas. Mis amigas del otro salón, mis amigas de otros años, nadie me hablaba.

Pasé un año buscando aceptación de la gente, mis notas comenzaron a verse afectadas, empecé a fumar y a tomar y me encontré con mi primer amor en medio de esa experiencia tan dramática, tan adolescente, tan teátrica casi. A mis papás no les gustaba y creo que eso lo hacía más divertido y atractivo. Me escapaba con nos él, besábamos en su carro y fumábamos escuchando Bob Marley. Un día paseando con las ventana abajo en la noche, me dedicó la canción que sonaba en la radio en ese momento, Es Por Ti de Juanes. 14 años. El 16. Yo, altamente impresionable y sensible y emotiva y todo lo demás con que tenemos que tener mucho cuidado cuando tenemos esa edad. Todo esta experiencia me entretenía y me olvidaba del resto. Qué difícil fue ese año 2000 en secundaria.

Mi papá pronto se enteró de mis andanzas y me canceló la vida. Yo vivía, pero con mi vida cancelada.

Pasaron los años y más nunca quedamos en el mismo salón. O así lo recuerdo. O tal vez la tenía tan eliminada de mi vida que la bloqueé. Más nunca hablamos, ni siquiera sobre temas de colegio, no recuerdo tampoco de verla con amigas. Iba de grupo en grupo. Y no se le veía feliz. Seguro algo pasaba en su casa. Algún problema tenía…y en efecto era así. El dinero no compra el afecto. Después de unos años, la cambiaron de colegio.

Hoy en día, a mis 33 años puedo darme cuenta de cuánto sufría ella. Tal vez sufrió más que yo con mi reputación afectada en todos los aspectos. Mi baja autoestima por tantos años y la voz que tenía en mi cabeza que me decía que estaba sola fueron secuelas de una herida a la sensibilidad y la fragilidad de la personalidad de una niña de 14 años. Después del colegio, yo llegaba a un hogar que con defectos, funcionaba bien. Ella llegaba a una casa, dudo que haya sido un hogar. Esa es mi teoría.

Y quiero aprovechar que tengo mi puerta abierta para decirle,

Querida niña del asiento del frente,

Espero que tengas una vida espectacular, que tengas todo lo que fisicamente necesitas. Espero que también puedas conseguir lo que nos da esa satisfacción en nuestros últimos días de haber vivido. Quiero que sepas que te perdono, te dejo ir y te invito a que dejes ir tu dolor, si es que ya no lo has hecho.

La vida se vive más fácil cuando uno tiene las puertas abiertas.

Con tantos deseos de que estés sana justo en estos momentos,

La niña de atrás.

Por último, quiero contar que Lily y yo seguimos siendo muy amigas, ella también se fue del colegio pero, nos reencontramos casi 20 años después siendo madres, esposas, adultas y todavía con esa química que siempre nos unió.


Lean el Blog de Maria Amelia: https://ameliapezzotti.com/2020/05/02/bullying-a-los-14-anos/




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